jueves, 24 de septiembre de 2015

Ilusiones y derrotas.


Ella no pensaba que el día de ayer fuera a terminar así, precisamente. 
Su mente había trazado cada pequeño detalle en el que por fin se encontraran cara a cara, sin pantallas de por medio. Tan perfecto como lo era esa chica para ella. 
Pero a veces las expectativas fallan, y duelen. La verdad es que nunca te acostumbras a tales desilusiones. 
Al principio, ella a sus ojos seguía siendo la misma chica con la que había estado hablando tanto meses, y sus sentimientos no cambiaban. Estaba muy nerviosa y sentía esa necesidad constante de abrazarla, de mimarla, de besarla... Sin embargo, ella no se mostraba tan receptiva. No parecía la misma persona con la que habia estado hablando días anteriores. No sabía que había pasado. No sabe en que punto se esfumó todo el deseo y toda la química que había entre ambas. Pero quería seguir intentandolo, viéndose, conociéndose más a fondo, en persona. No podía rendirse, sus sentimientos seguían ahí, intactos. Se negaba a que todo lo de estos meses se fuera a la mierda. La quería y sabía que la chica con la que había hablado día atrás estaba por algún sitio. Ella seguía siendo ella, no la había mentido en nada. Sus sentimientos la impedían rendirse, no quería perderla. 
La extrañaba. No podía aceptar otra derrota más.


Danielle R.








domingo, 20 de septiembre de 2015

Nosotras.

Creo que hacía mucho que no sentía tanta impaciencia por tener a alguien a mi lado. Esa sensación de que los días pasan lentos cuanto más cerca está el momento de tenerte. 
Tengo ganas de llenarte los días de sonrisas, de miradas que lo digan todo sin apenas mediar palabra. De no solo decirte lo mucho que te quiero, si no, también de demostrártelo. De cuidarte, de mimarte, pero sobre todo de abrazarte, sentirte cerca.
De besar esos labios que los mios llevan tanto tiempo deseando. Besos, besos, y más besos, gastarte la piel a besos, a caricias, a roces, a cosquillas...
De desordenarte la habitación, ordenártela y volver otra vez a hacerlo (desordenartela digo...). De ver películas, series, de cagarme de miedo y de morir de risa. De perderme contigo, y reencontrarme. 
Quiero que se acaben los "buenas noches" a distancia (o al menos que sean menos a menudo), y darte los "buenos días, princesa" a dos centímetros de esa preciosa boca y coronarlo con uno de esos besos mañaneros que dan la vida después de una noche entera de enredarnos entre las sabanas. 
Quiero memorizar cada pequeño lunar que esconde tu precioso cuerpo, de enviciarme a cada milímetro de tu piel, de alborotarte el pelo de mil maneras diferentes. De hacerte mía tantas horas como tiene el día. ¿Qué veinticuatro horas? ¡Las veinticinco!
Querré parar el tiempo para que nunca se acaben todos esos minutos que pienso pasarme a tu lado, y aún no sé como lo voy a hacer. Así que procuraré aprovechar cada segundo a tu lado como si fuera el ultimo, y vivirlo con la misma ilusión como si fuera el primero. 
Es que, joder... quiero tantas cosas que creo que nunca acabaría de enumerarlas todas. 
Quiero conocerte a fondo, hasta que la telepatía que tuvimos desde el primer día ya pertenezca a otra dimensión alejada de ésta llamada realidad. Quiero conversaciones filosóficas, de la vida, de tonterías, de ñoñerías pastelosas de esas que solo me salen contigo. 
Quiero apoyarte, hacerte saber que estoy junto a ti en todo lo que necesites, aunque para ti sea la mayor bobería del mundo, que para mí jamás lo será. Porque cada cosa que te concierna a ti, a tu pequeño mundo, será importante. Y quien ose arrancarte esa preciosa sonrisa de la cara que tanto me enamora, se las verá conmigo. 
Tengo ganas de que me enseñes, de aprender de ti y de que tú aprendas de mi, de disfrutar la una de la otra, de conquistarte cada día un poquito más, de quererte y que me quieras, quizás de envejecer si tu quieres, de vivir nuevas experiencias, de conocer y descubrir mil y un lugares juntas, de correr, de saltar, de gritar... 
En definitiva, de hacerte feliz porque te lo mereces, porque te quiero infinitamente. Porque ya no quiero un "yo" si no, un "nosotras". 


Danielle R.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Conectadas.


Ayer se vieron. A través de una pantalla pero se vieron. 
Se observaron durante un par de horas, con los ojos y las palabras. 
Jamás una pantalla de ordenador la había encandilado tanto. No podía apartar la mirada de ella. La encantaba observar cada pequeño pensamiento que se colaba en las expresiones de su rostro. 
Adoraba esa media sonrisilla pícara y vacilona que se le dibujaba cuando la hacía de rabiar. O ese hoyuelito que se le forma en el moflete cuando se ríe a carcajada limpia.
Pero su mirada la dejaba embelesada completamente.
Sentía como cada día se enganchaba más y más, como si de una droga se tratase. 
No podía evitar contemplarla y morderse los labios por no besar los suyos.
Se había convertido en su mayor debilidad y solo deseaba tenerla cerca para quererla como nunca habia querido a nadie.

Danielle R.



martes, 11 de agosto de 2015

Ella


Pensaba en ella a todas horas. Noche y día. Casi sin descanso.
Soñaba con como sería rozar cada centímetro de su piel, en lo que sentiria cuando la besara.
Soñaba con ese maravilloso mundo mágico que se experimenta en un cruce de miradas.
Soñaba, joder que si soñaba...
Fantaseaba tanto porque en la realidad aún no la había tenido entre sus brazos, entre sus labios.

Se escribian a diario pero aún no les había llegado el momento indicado y tan esperado para verse.
Tenía muy claro que en el instante de estrecharla entre sus brazos no volvería a soltarla jamás.
Joder, parecía que estaba exclusivamente hecha para ella. Tenía tantas ganas de empezar a quererla de verdad, a cuidarla, a hacerla feliz. A ser el motivo de cada una de sus preciosas sonrisas. 
Y es que su sonrisa... Madre mía. Era una de las más bonitas que había visto, de esas que te abren el corazón de par en par y te calan hasta las entrañas. 

No hacía el día sin hablar con ella, sin irse a dormir si un nuevo detalle de su existencia, sin verla en foto o sin decirla lo afortunada que era por aparecer así, tan de repente en su vida.

No quería volver a compartirla, no quería perder esa extraordinaria oportunidad que la habia dado la vida de conocerla.
La ansiaba, a veces con impaciencia y una pizca de locura. Estaba aprendiendo a querer de nuevo, quizás con un poquito de miedo. Ese miedo a volver a desvanecerse en el olvido, a que esas miradas llenas de todo se convirtieran en nada. A ese miedo, a veces irremediable, de estropearlo todo y que se fuera de su lado. 

Pero estaba dispuesta a arriesgarse, estaba decidida a seguir adelante, a perderse y reecontrarse con ella, a conquistar cada cima de su cuerpo y a robarla cada suspiro y pensamiento.


Danielle R.



miércoles, 22 de julio de 2015

Musa

Se cerraba en banda pero al final su corazón cedió y se ilusionó.
No creía posible que volviera a suceder hasta que apareció ella.
 

La conoció una tarde, por una de estas aplicaciones modernas en las que no sabes ni lo que te puedes encontrar. Pero por casualidades, no sabe si por suerte o por destino, encontró su excepción.
Empezó a hablar con ella. Primero conversaciones cortas y a medida que se iban alargando, comprendió que se había acostumbrado a no pasar un día sin dedicarla unas palabras.
 

Aunque aun no la conocía en persona, tenía la certeza de haber encontrado a su musa, a su fuente de inspiración, a la que quizás si lograría cortarla las alas y que la hiciese querer que las demás desaparecieran con tal de tenerla a su lado.

Danielle R.



 

jueves, 16 de julio de 2015

Entre las sábanas

Jugaban a ser diosas terrenales entre las sábanas. Comiéndose a besos al ritmo acompasado de sus corazones, como si la vida se las fuera entre los dedos. 
Había decidido amarla por tan sólo una noche. Necesitaba sentir su aliento entre sus piernas y enredarse entre los susurros placenteros de su voz. 
Se conocían de hace poco, pero sentían la necesidad de entregarse la una a la otra y olvidarse por un momento del mundo que las rodeaba. 
Muy a su pesar ella se había enganchado al sabor de sus labios, al cariño que desprendía con el roce de sus caricias y a sus ojos que la encandilaban. 
Quería volver a verla pero no sabía si ella estaría dispuesta a un próximo encuentro. Tenía miedo que por no dar el paso, la perdiera, dejandola así en un limbo de incertidumbres.  


Danielle R.
 

miércoles, 15 de julio de 2015

Noches de insomnio

La ví. Con su simple perfección. Tan jodidamente preciosa, como siempre. Con esa mirada que te hechiza y esos labios que desearias besar tantas horas como tiene el día. Joder, que bonita estaba. Allí, sentada, mirando de lado, con el pelo semi-recogido. Creí volver a enamorarme en esa pequeña milésima de segundo en que me perdí contemplandola a lo lejos. Con esa corona de flores sobre su cabeza cual princesa de cuento.
¿Sabes? Te habría hecho reina de mi mundo si lo hubieses querido. Me bastaba con un "ven conmigo" saliendo de tus labios. Pero no fue así. Y no puedo volver a caer. aunque mis manos tiemblen al anhelar rozar cada centímetro de su piel. Aunque mis ojos la busquen en cada rincón de esta maldita ciudad. Aunque mi guitarra aún llore su ausencia.
Puede que no seas la reina de mi mundo, ni siquiera mi princesa. No obstante me conformaré con que aparezcas en mis sueños como cada noche, sin un rostro fijo. Sin embargo, sabré que eres tú. Mi desengaño particular. Mi perfección no encarnada. La que aún no me ha cortado las alas. 

Danielle R.