sábado, 23 de noviembre de 2019

La historia más bonita jamás contada entre mis dedos.

Tengo la historia más bonita jamás contada entre mis dedos. 
Una historia de amor, de familia, de hijos, nietos hasta biznietos.
En una ciudad con historia, recordada con mucho cariño, forjada a fuego en mi corazón. 
En ella se narrarán muchas historias, pero ninguna como la de ellos. 
Mis abuelos. Mis segundos padres y los que hoy recomponen mi alma pedazo a pedazo, con su recuerdo, su memoria. 
Porque dejaron en mí el legado del respeto, de la educación, de el cuidado de una familia, de la felicidad y la fortuna más grande del mundo, del amor más puro que pueda existir en esta vida.


Tengo la historia mas bonita jamás contada entre mis dedos.
De guerras interiores, luchas, tempestades en tormentas que parece que nunca se acaban.
Una historia en la que la protagonista no seré yo, si no mi angel, mi protectora, que me ha llevado a ser la persona que soy hoy. Que me enseñó a no rendirme pasara lo que pasara.
A afrontar desilusiones con la cabeza muy alta. Y a comprender que una batalla perdida no significa una derrota.Que todo se supera con esfuerzo y dedicación. No te puedes dejar vencer por muy grande que sea la tortura.


Tengo la historia más bonita jamás contada entre mis dedos.
Una historia en la que decido la persona que quiero llegar a ser. A lo que quiero dedicarme y porqué quiero dedicarme a ello. Aunque me lleve lejos de los míos. Sabiendo que esos "míos" seguirán estando ahí y que quizá pueda hacer algo porque sigan estando.
He tenido días duros, para que nos vamos a engañar. Días en los que me he replanteado que coño hago aquí y porque estoy estudiando esto.
He hecho cosas que me han hecho cuestionarme toda mi moral y mi ética. Que quizás no eran tan estables como me pensaba. Pero alguien me enseñó que a veces hay que profundizar las cosas para entenderlas mejor, y me vino una frase a la mente que me recordó porque temporadas como esta no te deben dejar abatida.
"Hija, me toca volver a lucharª


¿Alguna vez habeis sentido como se os rompe el alma en mil pedazos?
No es como que te rompa el corazón una chica que nunca te ha querido. Ni como un puñetazo en el estomago de alguien que no esperabas que te lo diera. Ni como una decepción o una puñalada por la espalda del que pensabas que era tu mejor amigo. No es como si vas por la calle mirando al móvil y te das de frente con una farola por no prestar atención a lo que de verdad importa. Tampoco es como si te hayan robado algo que tenía un valor especial para ti. Ni como que te "golpeen con mil bates" todos los días por el simple hecho de que eres diferente en un infierno adolescente.
Son mil actos concentrados en uno. Un instante que podría cambiar el rumbo de tu vida para siempre.


Tengo la historia más bonita jamás contada entre mis dedos.
Una historia en la que cometo la osadía de querer dedicarme a la investigación donde quizás pueda volver a reconstruir aquello que se me resquebrajó hace algún tiempo. Donde quiero invertir mi tiempo y todas mis ganas, en aprender, ayudar, y quizás encontrar un atisbo de esperanza para gente que lidia con batallas más duras que las dudas que se te pueden presentar en un trabajo como este

Tengo la historia más bonita jamás contada entre mis dedos. 
Una en la que me recompongo de pequeñas historias. Una historia de mil historias. Donde el valor es una de la cosas más importantes que debe de prevalecer en ti.
En la cual no tienen cabida las inseguridades, los miedos. Sólo el respeto a- o a rectificar de vez en cuando. Una historia en la que aprender de tus errores y en la que por muchas ostias que te reparta la vida hay que levantarse siempre. Mi madre me enseñó que rendirse no es una opción.


Tengo la historia más bonita jamás contada entre mis dedos.
Una historia que suma más de mil historias y que jamás tendrá un final... 


Laura Rguez.



lunes, 30 de julio de 2018

Tan cerca y tan lejos, Feo...

No necesito un día en especial para recordarte, ni tampoco un motivo por el cual escribirte. 
Hoy se puede decir que ha sido un día como otro cualquiera, con sus más y sus menos, como siempre. Sin embargo, hoy mi corazón decidió acordarse de ti en cada paso que dió.
Podría decirse que te llevo conmigo a donde quiera que voy. Llevo un pedacito de ti tatuado en mi piel. Para muchos unas simples notas colocadas en un pentagrama ondulado, para mi la melodia de tu vida y la que me ha ido acompañando por el resto de toda ella. 
Últimamente tengo una extraña predilección por sacarle fotos a la luna, porque siento que tú, güelita y tía luci estáis más cerca de ella, de lo que yo puedo estar de vosotros.  Tengo el continuo consuelo de que cada uno de vosotros, (más aún de los que se acaban de ir) formais parte de un firmamento plagado de estrellas. 





miércoles, 2 de agosto de 2017

Fuego



Y allí estaba, otra vez. En el mismo banco de siempre. Sentada mirando hacia un horizonte sin fin. Pensando a donde la llevaría el siguiente paso. Buf. Pensando. ¡Qué ridiculez! Perdemos demasiado el tiempo en pensar. Y en soñar, ni os cuento. Con lo fácil que sería vivir superficialmente, sin complicarnos la vida.
Pero sí, ella pensaba. En muchas y en ninguna. Situaciones, personas, sueños... En esa lista que aún no había logrado terminar. En esa carta que nunca la escribió. En las palabras que se había tragado tanto tiempo atrás. Bua. Y es que si se ponía a pensar, era un bucle infinito.
Cavilaba el porqué de su saturación, el motivo de tantas oportunidades. El fundamento de su paciencia. Dejaba que las palabras se adueñaran de su mente, despojándose de todo pensamiento latente que la reconcomía por dentro. Succionándola hasta el alma. Tenía ganas de escribir, pero no encontraba los términos adecuados. Quizás era mejor así, no daba especial rienda suelta a su imaginación. Las palabras son un arma de doble filo. Pueden ser muy complacientes pero a la vez, si son utilizadas con maldad, duelen hasta el hastío. Y hoy se percataba del fuego en sus manos. Se sentía especialmente cruel. Cabrona, hablando en plata.



Juguemos con FUEGO. Juguemos con palabras hasta quemarnos.


Danielle R.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Una entre siete mil millones.



Ese momento en el que  empiezas a replantearte todo. Cuando se te joden los planes de cabo a rabo, de si habré cometido la estupidez de mi vida viniendo aquí o de si todo habría sido como siempre si me hubiese quedado. De si la jaula que creía que tenía, allí se quedó o la llevo conmigo a donde quiera que vaya. Que es cierto que cada uno se pone sus propias limitaciones y que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana, y todas las putas metáforas que queráis para que quede bonito y mantener viva la esperanza. Que hay un millón de oportunidades ahí afuera pero cuando te cierran una y otra y otra, o cuando vas exclusivamente a por una porque te lo pintan muy bonito para que después te cierren la puta puertaza en las narices, como que no te sobran las ganas de seguir buscando.
Puede que la población mundial ascienda a más de siete mil millones de personas, pero eso a una no le quita ese sentimiento tan amargo de sentirse sola, aunque sus vecinos estén poniendo reggaetón en el piso de arriba a todo meter. Unas veces huyes del silencio pero otras te gustaría apagarlo todo... y parar el tiempo, si pudieras, también.
Daría lo que fuera por tener ahora mismo un botón de esos de apagado absoluto o de restaurar valores iniciales, porque a este tipo de cosas, a las desmotivaciones de la vida, no se acostumbra nadie.  
Un ligero traspiés para (espero) volver a levantarse.


-Restaurando valores iniciales en 3, 2, 1… -





jueves, 24 de septiembre de 2015

Ilusiones y derrotas.


Ella no pensaba que el día de ayer fuera a terminar así, precisamente. 
Su mente había trazado cada pequeño detalle en el que por fin se encontraran cara a cara, sin pantallas de por medio. Tan perfecto como lo era esa chica para ella. 
Pero a veces las expectativas fallan, y duelen. La verdad es que nunca te acostumbras a tales desilusiones. 
Al principio, ella a sus ojos seguía siendo la misma chica con la que había estado hablando tanto meses, y sus sentimientos no cambiaban. Estaba muy nerviosa y sentía esa necesidad constante de abrazarla, de mimarla, de besarla... Sin embargo, ella no se mostraba tan receptiva. No parecía la misma persona con la que habia estado hablando días anteriores. No sabía que había pasado. No sabe en que punto se esfumó todo el deseo y toda la química que había entre ambas. Pero quería seguir intentandolo, viéndose, conociéndose más a fondo, en persona. No podía rendirse, sus sentimientos seguían ahí, intactos. Se negaba a que todo lo de estos meses se fuera a la mierda. La quería y sabía que la chica con la que había hablado día atrás estaba por algún sitio. Ella seguía siendo ella, no la había mentido en nada. Sus sentimientos la impedían rendirse, no quería perderla. 
La extrañaba. No podía aceptar otra derrota más.


Danielle R.








domingo, 20 de septiembre de 2015

Nosotras.

Creo que hacía mucho que no sentía tanta impaciencia por tener a alguien a mi lado. Esa sensación de que los días pasan lentos cuanto más cerca está el momento de tenerte. 
Tengo ganas de llenarte los días de sonrisas, de miradas que lo digan todo sin apenas mediar palabra. De no solo decirte lo mucho que te quiero, si no, también de demostrártelo. De cuidarte, de mimarte, pero sobre todo de abrazarte, sentirte cerca.
De besar esos labios que los mios llevan tanto tiempo deseando. Besos, besos, y más besos, gastarte la piel a besos, a caricias, a roces, a cosquillas...
De desordenarte la habitación, ordenártela y volver otra vez a hacerlo (desordenartela digo...). De ver películas, series, de cagarme de miedo y de morir de risa. De perderme contigo, y reencontrarme. 
Quiero que se acaben los "buenas noches" a distancia (o al menos que sean menos a menudo), y darte los "buenos días, princesa" a dos centímetros de esa preciosa boca y coronarlo con uno de esos besos mañaneros que dan la vida después de una noche entera de enredarnos entre las sabanas. 
Quiero memorizar cada pequeño lunar que esconde tu precioso cuerpo, de enviciarme a cada milímetro de tu piel, de alborotarte el pelo de mil maneras diferentes. De hacerte mía tantas horas como tiene el día. ¿Qué veinticuatro horas? ¡Las veinticinco!
Querré parar el tiempo para que nunca se acaben todos esos minutos que pienso pasarme a tu lado, y aún no sé como lo voy a hacer. Así que procuraré aprovechar cada segundo a tu lado como si fuera el ultimo, y vivirlo con la misma ilusión como si fuera el primero. 
Es que, joder... quiero tantas cosas que creo que nunca acabaría de enumerarlas todas. 
Quiero conocerte a fondo, hasta que la telepatía que tuvimos desde el primer día ya pertenezca a otra dimensión alejada de ésta llamada realidad. Quiero conversaciones filosóficas, de la vida, de tonterías, de ñoñerías pastelosas de esas que solo me salen contigo. 
Quiero apoyarte, hacerte saber que estoy junto a ti en todo lo que necesites, aunque para ti sea la mayor bobería del mundo, que para mí jamás lo será. Porque cada cosa que te concierna a ti, a tu pequeño mundo, será importante. Y quien ose arrancarte esa preciosa sonrisa de la cara que tanto me enamora, se las verá conmigo. 
Tengo ganas de que me enseñes, de aprender de ti y de que tú aprendas de mi, de disfrutar la una de la otra, de conquistarte cada día un poquito más, de quererte y que me quieras, quizás de envejecer si tu quieres, de vivir nuevas experiencias, de conocer y descubrir mil y un lugares juntas, de correr, de saltar, de gritar... 
En definitiva, de hacerte feliz porque te lo mereces, porque te quiero infinitamente. Porque ya no quiero un "yo" si no, un "nosotras". 


Danielle R.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Conectadas.


Ayer se vieron. A través de una pantalla pero se vieron. 
Se observaron durante un par de horas, con los ojos y las palabras. 
Jamás una pantalla de ordenador la había encandilado tanto. No podía apartar la mirada de ella. La encantaba observar cada pequeño pensamiento que se colaba en las expresiones de su rostro. 
Adoraba esa media sonrisilla pícara y vacilona que se le dibujaba cuando la hacía de rabiar. O ese hoyuelito que se le forma en el moflete cuando se ríe a carcajada limpia.
Pero su mirada la dejaba embelesada completamente.
Sentía como cada día se enganchaba más y más, como si de una droga se tratase. 
No podía evitar contemplarla y morderse los labios por no besar los suyos.
Se había convertido en su mayor debilidad y solo deseaba tenerla cerca para quererla como nunca habia querido a nadie.

Danielle R.