lunes, 26 de septiembre de 2016

Una entre siete mil millones.



Ese momento en el que  empiezas a replantearte todo. Cuando se te joden los planes de cabo a rabo, de si habré cometido la estupidez de mi vida viniendo aquí o de si todo habría sido como siempre si me hubiese quedado. De si la jaula que creía que tenía, allí se quedó o la llevo conmigo a donde quiera que vaya. Que es cierto que cada uno se pone sus propias limitaciones y que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana, y todas las putas metáforas que queráis para que quede bonito y mantener viva la esperanza. Que hay un millón de oportunidades ahí afuera pero cuando te cierran una y otra y otra, o cuando vas exclusivamente a por una porque te lo pintan muy bonito para que después te cierren la puta puertaza en las narices, como que no te sobran las ganas de seguir buscando.
Puede que la población mundial ascienda a más de siete mil millones de personas, pero eso a una no le quita ese sentimiento tan amargo de sentirse sola, aunque sus vecinos estén poniendo reggaetón en el piso de arriba a todo meter. Unas veces huyes del silencio pero otras te gustaría apagarlo todo... y parar el tiempo, si pudieras, también.
Daría lo que fuera por tener ahora mismo un botón de esos de apagado absoluto o de restaurar valores iniciales, porque a este tipo de cosas, a las desmotivaciones de la vida, no se acostumbra nadie.  
Un ligero traspiés para (espero) volver a levantarse.


-Restaurando valores iniciales en 3, 2, 1… -