miércoles, 2 de agosto de 2017

Fuego



Y allí estaba, otra vez. En el mismo banco de siempre. Sentada mirando hacia un horizonte sin fin. Pensando a donde la llevaría el siguiente paso. Buf. Pensando. ¡Qué ridiculez! Perdemos demasiado el tiempo en pensar. Y en soñar, ni os cuento. Con lo fácil que sería vivir superficialmente, sin complicarnos la vida.
Pero sí, ella pensaba. En muchas y en ninguna. Situaciones, personas, sueños... En esa lista que aún no había logrado terminar. En esa carta que nunca la escribió. En las palabras que se había tragado tanto tiempo atrás. Bua. Y es que si se ponía a pensar, era un bucle infinito.
Cavilaba el porqué de su saturación, el motivo de tantas oportunidades. El fundamento de su paciencia. Dejaba que las palabras se adueñaran de su mente, despojándose de todo pensamiento latente que la reconcomía por dentro. Succionándola hasta el alma. Tenía ganas de escribir, pero no encontraba los términos adecuados. Quizás era mejor así, no daba especial rienda suelta a su imaginación. Las palabras son un arma de doble filo. Pueden ser muy complacientes pero a la vez, si son utilizadas con maldad, duelen hasta el hastío. Y hoy se percataba del fuego en sus manos. Se sentía especialmente cruel. Cabrona, hablando en plata.



Juguemos con FUEGO. Juguemos con palabras hasta quemarnos.


Danielle R.